Rebuznando

En un mundo de envidias, de masacres y de esclavitud también hay buenas acciones.

Sólo hay que ver cómo la gente sonríe a los demás con intención de saludar cuando ya sois conocidos del barrio o de la urbanización. En mi caso lo segundo.

El problema es cuando saludas a alguien y no te devuelve el saludo ni esboza siquiera media sonrisa. ¡Ni que costaran dinero!

Como diría mi padre: «te has pensado que saludabas a un vecino, pero lo que ha pasado ha sido un burro»:

Burros sin anteojeras que por lo menos podrían rebuznar.

Pues así me encuentro hoy, pensando en rebuznos ajenos. Rebuznos que me traen a la cabeza multitud de rebuznos pasados.

Pero hoy no voy a hablar de rebuznos. Voy a rebuznar directamente.

La Semana Santa me trae recuerdos de las señoras con la mantilla viendo a la virgen pasar desde un balcón por el que han pagado miles de euros. Pero también me trae el olor de la cocina con las torrijas recién hechas que tan poco me gustaban de pequeña y ahora devoro con gusto. Me trae el recuerdo de aquellos capirotes que inevitablemente me recuerdan al Ku Klux Klan porque de pequeña era incapaz de distinguir entre ambos. No me molestaba en fijarme bien, estaba demasiado ocupada rebuznando.

Este año me he negado a hacer torrijas. No quiero estar comiéndolas una semana por no tirarlas y otros años ya me ha tocado hacer a partir de cinco barras, así que este año me libro. Tengo otros propósitos.

Voy a pasarme la Semana Santa dando gracias por todo lo que tengo en mi vida, pienso a diario lo afortunada que soy a pesar de las cosas malas que puedan pasarme. No tengo derecho a quejarme.

Ayer por la tarde veía en la televisión un programa de Jesús Calleja en el que se llevaba al actor Fernando Tejero a las minas de sal de Etiopía. Al invitado le superaba verlo y se sentía agradecido por todo lo que tenía.

Cuando ves determinadas cosas como esa tienes dos opciones: rebuznar o reflexionar.

Hace unos años Pablo estuvo en Haití y en Senegal rodando unos documentales sobre la vida allí. Son estremecedores.

Somos muy afortunados y la mayoría del tiempo ni siquiera somos capaces de verlo. Nos sentimos frustrados por cosas ridículas como que nos cueste encontrar aparcamiento con el coche, pero no pensamos en lo afortunados que somos por el simple hecho de tener un coche.

Sé que no os cuento nada nuevo, pero me gusta mucho expresaros mis reflexiones y compartir con vosotros mis pensamientos.

La Semana Santa debería servir para algo más que para comer torrijas y emocionarse por las procesiones. Yo creo que independientemente de la religión que tengamos debemos hacer introspección y agradecer todo aquello que tenemos en nuestra vida, porque hasta las cosas malas que nos pasan no son tan malas como podemos pensar.

Hace años que diseño mi viaje ideal a India, pero al final siempre se quedaba en el aire. Pero creo que está llegando el momento. No sólo para verlo, creo que me haría realmente feliz meditar allí y que me enseñaría grandes cosas.

Digamos que tengo expectativas de elevación espiritual y que una parte de mí piensa que esto debe ocurrir allí.

Os compartiré todo lo que he diseñado hasta ahora sobre este viaje para que aportéis lo que queráis. Y si además os sirve, será estupendo.

Que tengáis un feliz día.

Pilar.

 

 

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