Santa Rita

Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.

¡Ay Rita!

Que no te lo dieron, que te lo llevaste.

Presuntamente.

¡Ay Rita, Rita!

La muerte no te hace ser buena persona después de cómo fuíste en vida. No entraré en si robaste o no, pero sí en cómo te reías a carcajada limpia de las familias de los muertos del metro de Valencia.

¡Menuda alcaldesa aquella que celebra la muerte de sus votantes!

Quizás te hayan matado o quizás la maldad te haya hecho reventar, vaya una a saberlo… Pero la verdad es que ya no estás aquí y apenas te echarán de menos.

Una vida entera dedicada a la política para que al final tu propio partido te deje de lado. Un partido de corruptos que no quieren mancharse las manos.

O quizás las tengan manchadas, concretamente de tu sangre.

¡Ay Rita, Rita! Te quisieron quitar todo lo que te habían dado, desde el cariño del pueblo hasta la alcaldía.

Un triste final para una mujer triste en la vida.

Una triste señora, soltera, sin descendencia, sin más amor que el de su sobrina.

Una sobrina maleducada, la cual se cree alguien con derecho a mandar a los demás, por cierto.

Yo también me habría salido del hemiciclo porque no mereces ni un sólo segundo de mi tiempo.

Tu muerte no me alegra, pero tampoco me apena.

No me apena la muerte de una desconocida más, que fumaba, bebía y comía.

Me apena que una señora haya muerto porque le cortaron la luz por no tener dinero. Eso sí me apena.

Pero no puedo sentir pena de alguien a quien consideré malo en vida, por lo que la muerte no te va a traer la bondad.

Pena siento de Cohen, que hizo algo bueno por y para el mundo, pero no de aquella persona que poco empatizaba con su pueblo, ni con sus votantes siquiera.

¡Ay Rita! No te echaré de menos.

Ni yo ni muchísima gente.

Si te han matado, nunca lo sabremos. Pero saber, sabías demasiado, y eso a la gente le incomoda.

A veces es mejor hacerse la tonta y vivir en paz.

Rita, Rita, que la muerte te traiga toda la paz necesaria.

Como dice mi abuela: Que tengas tanta paz como paz aquí dejas.

 

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