Empatía

La pareja, estado de bien. De comodidad, de felicidad.

Compartir con quien amas todo lo bueno, pero también todo lo malo.

Es fácil estar en las buenas, pero no tanto hacerlo en las malas, cuando todo se ha roto por completo.

Cuando quieres a alguien de verdad, empatizas automáticamente con su situación, todo lo malo que pueda pasarle, pasa a ser menos malo cuando te sientes cuidado y apoyado por esa persona. Por tu pareja.

Empatía. Qué bonita palabra. Y qué tristeza no sentir que alguien empatiza contigo.

El amor siempre es cosa de dos, el desamor, de uno sólo.

Si tú te tiras, yo me tiro. Si tú avanzas, yo también.

Y si sufres, haré lo que esté en mi mano para que salgamos adelante. Porque eso es el amor: dejar el egoísmo de lado poniendo el bienestar de la otra persona por encima.

No hablo de querer a alguien más que a uno mismo, sino de querer a alguien de verdad.

Que ese amor te haga pensar en el bienestar de la otra persona para que pueda sentirse bien y así fortalecer la pareja.

El dar y el recibir. El recibir y el dar.

Que si tienes que irte a China por amor, lo hagas, porque no es un sacrificio ese cambio, sino un traslado momentáneo para que finalmente llegue lo bueno y salga todo lo malo.

Estamos rodeados de egoísmo en estado puro. Egoísmo, sí. Y peor aún, falta de empatía.

Y cuando alguien no siente empatía, es porque es un egoísta incapaz de amar a nadie más que a sí mismo.

Empatía. Empatiza. Empaticemos.

Porque la vida no gira en torno a uno mismo. Es más, eres como eres por todo lo que tienes a tu alrededor.

 

 

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