El lunar sobre sus labios

Alegre, risueña…

Tenía un lunar sobre el labio que la caracterizaba.

Al sonreír, su sonrisa iluminaba la noche.

Pero cuando estaba triste no era ella, tan sólo se la distinguía por ese lunar.

Apetecía besarla. Era un lunar besable.

Sus ojos irradiaban destellos de felicidad. Hermosura hasta en la tristeza.

Expresividad. Expresividad en estado puro.

Cuando algo le gustaba se le notaba, y cuando no, era aún más evidente.

Evidenciaba su locura, su amor, sus ganas de vivir… de amar y disfrutar.

Esa era ella: la mujer del lunar sobre sus labios.

El lunar sobre sus labios alimentaba su amor. Alimentaba sus ganas de vivir, de amar, de soñar…

Le hacía ser él y expresarse como jamás lo había hecho.

Un lunar que enloquecía a los más cuerdos y aún más a los locos.

Era ella.

 

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