Desear no es querer; Se desea lo que se sabe que no dura, se quiere lo que se sabe que es eterno

Es bonito recordar antiguos escritos, por muy muertos que estos estén.
También es bonito ver mi evolución como escritora, incluso como persona.
Es agradable recordar lo que escribí, pero aún más ver cómo he conseguido mejorar en estos tres años y medio. Supongo que mi evolución no ha sido únicamente como persona, sino que también ha sido una auténtica evolución como escritora.
Pero eso no significa que no piense igual que antes. Me sigue gustando esa entrada y creo que el trasfondo que la envuelve es muy interesante.
Saudade escribía hace tres días.
Saudade, nostalgia, añoranza.
De lo que fui, de lo que sentí, de lo que viví… De lo que escribí.
Casablanca me enamoró, su idea del amor me sigue enloqueciendo, todos merecemos un amor incondicional.
Que esperaré océanos de tiempo para encontrarte, o que ya los esperé y por fin te he encontrado.
Ilsa y Rick,  Mina y Drácula, Ángela y George… Todos ellos siguen ahí, por y para nosotros. En tan sólo un click de nuestro ratón podemos disfrutar de su amor.
Amores ficticios, pero tan reales para nosotros… Amores incondicionales.
Nunca me acordaré de olvidar el amor, me niego a pensar que no existe o que no todos podemos amar y ser amados. Todos somos amor.
En la entrada de hace años mentaba a Rousseau y vuelvo a hacerlo: «Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura. Se quiere lo que se sabe que es eterno».
Este blog ha pasado a ser una parte importante de mi vida, forma parte de mí. Y por eso lo quiero, porque Limones Rojos será algo eterno. Lo deseo, porque lo quiero.
Porque siempre nos quedarán los Limones Rojos. Incluso casi cuatro años después.

 

 

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