Tomarse el amor con filosofía

Me resulta muy curioso el amor.

Es algo que todos experimentamos y que vivimos (y sufrimos). Es parte de nuestra existencia.

A lo largo de los años he podido comprobar de qué manera nos afecta a todos, de una manera u otra, pero a todos. Es curioso observar a las personas en general, pero aún mejor observar su vida amorosa.

Desde la rubia de piernas largas que busca una relación y que a ella sólo la buscan para pasar un buen rato hasta el adolescente que juega a videojuegos online para relacionarse con mujeres.

Siempre he pensado que es interesante hablar, escribir en mi caso, sobre el amor.

Nací y al poco se divorciaron mis padres, pero no por ello mi padre ha dejado de querer a mi madre. Seguí mi existencia con una madre enamorada de un hombre al que, tras su muerte, sigue queriendo como el primer día y probablemente siempre querrá. Tuve mi primera relación estable (o seria, llámemoslo x) y aunque el amor haya desaparecido, siempre quedarán restos de cenizas por la importancia que tuvo. Pedí a alguien que rompiera mis esquemas y cada día si es posible le quiero más de lo que he podido querer a nadie en toda mi vida.

Es curioso.

Y lo es porque mi vida está rodeada de amor y todas las etapas y momentos de mi vida tienen relación con el mismo. Desde rupturas hasta bodas, bautizos y comuniones, pero momentos rodeados y rociados con amor.

Hay quien para vivir necesita aire, pero otros necesitamos amor.

Es pues manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios.

 

(Aristóteles, Política, libro 1,1)».

Recuerdo cómo José Ángel, mi profesor de filosofía de bachillerato me hablaba del ser humano como animal social, de Aristóteles y la necesidad humana de pertenecer a un conjunto y es de los conocimientos que más me han dejado huella a lo largo de todos los años de instituto. Que no estudiase para un examen no implica que no me guste la filosofía y que no piense que la vida en sí es filosofía pura.

«Hay que tomarse la vida con filosofía».

No, la vida es filosofía. Vives rodeado de filosofía y de teorías, pensamientos y conocimientos que los grandes filósofos y pensadores vivieron antes que tú. Que no los conozcas no significa que hayas descubierto nada nuevo.

La filosofía es parte del ser, de nuestro ser.

¿Por qué no relacionar la filosofía con el amor?¿Acaso no debemos «tomarnos el amor con filosofía»?

¿Qué hay del amor platónico?

Platón decía muchas cosas, realmente interesantes a mi parecer. Entre ellas que el amor llena el vacío entre lo visible y lo invisible o que el amor a una persona no es exactamente hacia ella, sino a saber más sobre esa persona y a conocerla más. Decía incluso que la belleza del cuerpo era el reflejo que cada uno veía del interior, de la esencia de esa persona.

Evidentemente esto no tiene nada que ver con la idea de amor platónico que actualmente tenemos, pero es lo que el amor signficaba para Platón.

Vemos a los filósofos como seres solitarios demasiado ocupados con aprender y conocer, pero nadie sabe si Platón estaba profundamente enamorado de alguien, probablemente porque no nos interesa preguntárnoslo.

El amor es una filosofía, la filosofía del amor.

Y, aunque hasta ahora no me había planteado estudiar el amor, ha llegado el momento de hacerlo y de conocerlo.

 

 

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