S O L I D A R I D A D

Como hemos podido oír tantas veces, la realidad supera con creces a la ficción.

Hace años, cuando aparecieron las primeras pateras, hubo alguien que decidió describir la escena de una película, la cual nunca llegó a producirse, en que una solitaria dama otoñal en una solitaria playa otoñal estaba con el único superviviente de una patera, al que ella ayudaba, etc… En aquel momento parecía una ocurrencia, incluso una casualidad traída por los pelos que tal cosa pudiera suceder.

Hace días, en la playa canaria de La Tejita, unos bañistas hubieron de atender a los ocupantes de un cayuco que llegó a esa playa en esa hora determinada.

Las noticias y las fotografías hablan de un entregado y solidario comportamiento con las personas que llegaban en el cayuco. Es emocionante comprobar que, en mitad de esta horrorosa vorágine en la cual sobrevivimos, hay todavía algo de humanidad, la cual corresponde como debe.

Hechos como este, afortunadamente no aislados, nos permiten reconciliarnos a mi perro y a mí con el género humano.

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