Kintsugi

¡Buenas noches a todos!

Reconozco que estoy siendo algo irregular en cuanto a las publicaciones, pero es que me está costando retomar la rutina y adaptarme a escribir sobre algo que tenga real interés a diario, ya que no quiero publicar por publicar, sino hacerlo conscientemente.

Hoy quiero hablaros del arte del Kintsugi.

El kintsugi es una tradición milenaria japonesa que consiste en reparar los objetos rotos o dañados con oro o con plata, para que de esa manera puedan seguir utilizándose y que sean incluso más bonitos que antes.

Esta tradición dice que las cicatrices son parte de los objetos, de la historia de los objetos, y que representan partes muy importantes de sus vidas.

Estas cicatrices no deben ocultarse, sino todo lo contrario, ya que son motivo de orgullo.

El Kintsugi es el arte de admirar la belleza de las cicatrices.

Esta filosofía demuestra que las cicatrices son hermosas, ya que muestran nuestra historia.

A mí personalmente me parece algo maravilloso.

Es raro encontrar a una sola persona que haya tenido una vida maravillosa sin ningún tipo de problema, ya que, por desgracia, todas las personas arrastramos una mochila. En algunos casos, esa mochila lleva grandes rocas, y en otros pequeñas chinas, pero en todas las mochilas hay una carga.

Esa carga no es mala, pero tampoco es buena, simplemente es lo que nos hace ser nosotros mismos y lo que determina nuestro carácter, nuestro día a día, nuestra forma de adaptarnos y de afrontar nuestras vidas.

Hay cicatrices de cesáreas que nos hacen felices al recordarlas, y otras cicatrices de cáncer de mama que nos recuerdan todo lo que luchamos, pero todas nos hacen fuertes.

Y eso es lo que el kintsugi hace con los objetos: fortalecerles.

Os invito a adentraros en este arte como voy a hacerlo yo, ya que lo he conocido esta misma noche gracias a mi amiga Bea, pero hasta ahora no sabía de su existencia.

Y lo más importante…

¿Qué historia cuentan tus cicatrices?

Buenas noches,

Pilar.

 

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