El pájaro quisiera ser nube: la nube, pájaro

 

«Yo quiero una relación… Que me traigan el desayuno a la cama… O por lo menos que me abracen al dormir… Y que me lleven a los cines Doré a ver Casablanca todas las veces que la echen sólo porque a mí me hace feliz. Quiero un chico que me diga todos los días que estoy preciosa, a pesar de que se me haya ido el moreno o que tenga pelos de loca. Que se dé cuenta de que llevo zapatos nuevos y que me de la mano al pasear. Quiero que me bese en la nariz después de haberme besado diez veces antes en los labios. Que me quieran.»
Hace unos meses escribía esto por Skype, y a día de hoy puedo decir con orgullo que he conseguido tenerlo. Lo que pasa que he tenido que releer una conversación que guardé hace meses entre mis borradores para poder darme cuenta de ello.
Tengo una relación con un chico maravilloso, me ha hecho el desayuno más de una vez, me abraza al dormir, y siempre estoy guapa para él. O eso me hace pensar. Y lo más importante de todo: me besa en la nariz constantemente.
Lo único que no cumple es lo de ver Casablanca, que siempre que lo intenta se termina quedando dormido.
Pero puedo decir orgullosa que por lo menos lo intenta.
Estoy realmente enfadada conmigo misma por no haberme dado cuenta antes de todo esto, porque él no para de esforzarse para hacer las cosas bien y he de reconocer que yo siempre le exigía más y más. Parecía que nunca era suficiente para mí todo lo que hacía, cuando en realidad es la persona con la que he sido más feliz en toda mi vida.
El ser humano es necio por naturaleza, nunca nos es suficiente nada de lo que tenemos, siempre queremos más y más. Y ese es precisamente nuestro problema.
Ese ansia por tenerlo todo es lo que nos provoca la infelicidad que sentimos, y es contra lo que debemos luchar cada día.
Como decía Rabindranath Tagore: «el pájaro quisiera ser nube: la nube, pájaro».

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