De gilipollas va la cosa. Episodio 300.

A veces escribo entradas y no las subo porque no me parece el momento o porque algo me echa para atrás.

Por primera vez, hoy he decidido subir algo que escribí hace semanas.

Y ahora voy a escribir algo actual, que ya me toca.


-No hay nadie mejor que nadie.
 
-Pues sí que lo hay. Yo soy mejor que tú.
 
-Vale, pues yo soy gilipollas 2000 y tú eres gilipollas 500.

Y entonces, gilipollas 500 se quedó sonriendo.

Una de tantas veces que ella se quedaba sonriendo mientras hablaba con él.

Hasta cuando discutían, ella sonreía.

Quizás porque son momentos en los que es feliz. Hasta en los peores. Incluso cuando ella está a 600 kilómetros de distancia de él y se hace creer a sí misma que todo ha terminado y que da igual lo que él haga o deje de hacer, porque no quiere volver a verle.

Aunque en realidad sí que quiere.

Es más, le falta contar cada uno de los segundos que quedan hasta cuando ni siquiera sabe si volverá a verle.

Quizás es como el sonido de la lluvia cuando cae sobre el cristal.

A pesar de que moje, haga ruido y nos despeine, nos gusta.

Nos gusta la lluvia.

El sonido de la lluvia cayendo sobre el cristal.

La forma en la que te mira cuando estáis a solas.
La facilidad que tiene para estropear los mejores momentos del modo más estúpido posible.
Porque es el único en mucho tiempo que ha conocido su cara cuando se deja ser completamente ella misma.
Quizás porque con él es todo más fácil.
Es probable que el que sea el único al que no le molesta que le corrija su ortografía haya influido.
O puede que sea porque la primera vez que estuvieron a solas, él se bajó del coche y fue a achucharla.
A lo mejor porque siempre que suena Kids, de MGMT ella se estremece porque esa misma noche sonó estando con él y él decidió subir el volumen sólo porque a ella le gustaba.
Tal vez le quiera.
O tal vez no.
Y tal vez sea su gilipollas favorito del mundo, o tal vez sólo sea uno más.
Quizás le importa más ir al McAuto en un Seat Ibiza con el que hay que pelear cada vez que se quiere abrir la puerta del copiloto a ir a un restaurante de 3 tenedores en un Audi de alta gama.
Porque cuando él te pide que te arrimes a él y que compartáis manta, a pesar de que ella sabe que acabará quitándosela él en cuanto se queden dormidos, prefiere arrimarse.
Quizás que él sea capaz de pedirle que ella le lea lo que escribe.
Puede que por el simple hecho de que en cuanto se conocieron él la besó repentinamente y desde entonces ella no ha dejado de sonreír.
De gilipollas va la cosa capítulo 300.

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