La súplica frente a la innecesaria crueldad

» Mugía el toro de dolor, bramaba de dolor, llenaba el aire, clamaba al cielo en vano.
Los peones lo mareaban con los capotes. Y de repente miró hacia mí, con la inocencia de todos los animales reflejada en su rostro, pero también con una imploración.
Era la querella contra la injusticia inexplicable, la súplica frente a la innecesaria crueldad.»
                                                                                    Antonio Gala

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