Dirty Dancing

¿Qué pensáis si os digo estas palabras?

Baile, hotel, vestidos con vuelo, aborto, profesores de baile, ancianos cleptómanos, adolescentes enamoradizas, sexo…

Bailar sucio.

Baile sucio.

Bailando sucio.

Sí, hablo de Dirty Dancing.

Una película más conocida por su propia banda sonora que por su trama.
Una película dirigida a los adolescentes y que en realidad terminó triunfando gracias al público adulto.
¿Quién no ha escuchado alguna vez en toda su vida «Time of my life?
Jennifer Grey, más conocida como Baby, llega con su familia a pasar las vacaciones a un hotel, y en la primera escena de la película aparece ella como si narrara su diario de niña adolescente.
Todo esto al son de «Big Girls Don’t cry».
Una película de 1987 ambientada en el verano de 1963, con los tabús que ello suponía.
Baby ya había visto al guapísimo profesor de baile del hotel, y por eso decidió ir a pasear por las estancias de los empleados del hotel la primera noche.
Una escena que comienza con el típico paseo de adolescente desilusionada en el que parece que interpreta lo que hoy llamamos un «videoclip a lo Alex Ubago», pero que termina cuando ve a todo el personal del hotel bailando sucio.
¿Por qué bailar sucio?
Porque lo que hoy se denomina como «reggetoneo, perreo» o demás vulgaridades, en su época era algo impensable para que se denominara baile y no se relacionara como algo sexual.
Pero por eso mismo la película se llama Dirty Dancing, porque es una película sexual.
Sexo, sexo y sexo.
Eso es lo que podemos apreciar en todos y cada uno de los momentos de la película.

Pero la película también se atreve a tratar uno de los temas que, incluso actualmente, siguen siendo un tema tabú en la sociedad.

Penny, la bailarina estrella del hotel está llorando en las cocinas porque Robbie, que casualmente es el ligue de Lisa, la hermana de Baby, la ha dejado embarazada y además ha decidido desentenderse de todo.

Baby, a pesar de haberle dicho el que sería su príncipe azul que Robbie ya lo sabía, fue a hablar con él.

Lo único que se encontró fue a un tipo que se desentendía completamente de todo con la excusa de que esa mujer a saber con cuántos hombres más se acostaría.

En esa escena, Robbie le entrega a Baby un ejemplar de el libro «El Manantial», de Ayn Rand, una novela de 1943 que trata el individualismo y la supremacía del ego como virtudes.

Algo realmente acertado por los guionistas de la película.

 

Baby recurre a su padre para poder conseguir el dinero para pagar el aborto de Penny, pero es un gesto realmente interesado, porque ella en realidad lo que quería era acercarse a Johnny Castle, su bailarín.

Pero para que Penny pueda llevar el aborto a cabo, Baby tendrá que sustituirla en una función de baile en otro hotel de la zona.

Ahí empieza realmente la película.

 

Una Baby que se esfuerza al máximo para poder deslumbrar ante Johnny y que, a pesar de que al principio él no la enseña con gusto, terminan trabajando realmente bien.

Hasta en un lago, que al bajar las temperaturas durante la grabación, comienza a haber sentimientos entre los personajes.

Y sí, hablo en todo momento de personajes, porque los actores, que ya habían trabajado juntos anteriormente, no se llevaban nada bien, por lo que, sólo para filmar la película, decidieron pactar una pequeña tregua.

Y como dice el personaje de Patrick Swayze…

 

«No basta saberse los pasos, hay que llevar el ritmo».
 

También hay que destacar que a Patrick Swayze le tuvieron que operar de la rodilla en mitad de la grabación, por lo que el rodaje se retrasó hasta otoño, y los productores tuvieron que teñir las hojas amarillas y marrones del otoño con sprays verdes.

Finalmente, al son del mambo «De todo un poco», los actores consiguen crear un baile a la altura de las circunstancias.

 

 
 
-¡Creo que no te asusta nada!
-¿A mi? ¡A mi me da miedo todo! Me da miedo lo que vi. Me da miedo lo que hice. Quien soy. Y especialmente tengo miedo de salir de este cuarto y no volver a sentir en toda mi vida lo que siento estando contigo… Vamos a bailar.
 
 
Y así, con un Dirty Dance, la pareja termina con todas las tensiones que habían tenido hasta el momento.
 
El personaje de Swayze deja claro que no sólo las mujeres son utilizadas sexualmente por los hombres, porque él está realmente cansado de tener que soportar cómo algunas mujeres ricas piensan que pueden tenerle siempre que puedan tan sólo por el dinero que tienen.
El padre de Baby no acepta que su dulce niña (o al menos eso piensa él), esté con el sexy bailarín, por lo que se alegra cuando le despiden después del malentendido con unos ancianos cleptómanos.
Pero está claro que hablamos de una película americana de los años 80, así que Johnny vuelve al hotel esa misma noche a por su Baby, y ante sus padres le dice que jamás dejará que nadie la arrincone.
Y allí mismo, delante de todos, la saca a bailar el famoso baile que habían preparado, pero esta vez al son de «The time of my life».
 
Y como toda película romántica americana, los protagonistas vivieron felices y comieron perdices, con la aceptación de la familia de Baby, que en realidad se llamaba Francis, y que según Johnny ese era un nombre de mujer hecha y derecha, y bailando todos.
Pero no bailaron una simple pachanga, no.
Bailaron un Dirty Dancing.

Una película que en realidad ha gustado por sus ritmos pegadizos, sus guapos actores y el sexo, pero que a día de hoy, seguramente habría pasado desapercibida.

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