Y se supone que soy yo quien le intimida…

¡Y se supone que soy yo quien le intimida! …

Que diga que cada vez que le miras le intimidas. Eso es algo realmente gracioso teniendo en cuenta todos los hechos próximos a esa frase cada vez que me la dices.
Vayamos paso por paso.
Empecemos con el día en el que nos encontramos en aquel pub. Está claro que ambos estábamos ligando el uno con el otro. Es más, lo dejamos claro. Lo dejamos mucho más que claro.
Esa misma noche me dijiste que si era así de directa o luego me echaba para atrás. Creo que has podido comprobar que soy bastante clara.
La siguiente vez que me dijiste que te intimidaba fue cuando volvimos a estar juntos en ese mismo pub. ¡Que yo te intimido! No sé si es gracioso o irónico. En realidad es una mezcla de las dos cosas, ya que es algo que resulta gracioso porque es irónico.
Después de que me dijeras eso, te dije que por qué te intimidaba. Sigo esperando que me digas por qué te intimido.
Pero lo más gracioso de toda esta historia no es si realmente intimido o no, sino que soy yo quien realmente reacciona como si me intimidaras tú a mí.
Cada vez que te veo, durante los primeros cinco o diez minutos, soy yo quien no puede evitar estar nerviosa.
Por ejemplo, el mismo día que fui con mi amiga «casualmente» al pub en el que sabía que estarías, después de saludarnos, fui a sentarme con mi amiga a la barra a pedir nuestras bebidas. He de reconocer que hasta me temblaban las piernas. Cada vez que te veo no puedo evitar ponerme nerviosa.  Al servirnos nuestros gintonics, nos pusieron unos conguitos como acompañamiento. No sé qué hice ni cómo lo hice pero al ir a apartar los conguitos los tiré por todas partes. De hecho, al levantarnos al rato, había conguitos hasta en los taburetes.
Todavía dudo de si llegaste a verlo o no. Es una anécdota que mi amiga me recuerda a diario. He de reconocer que fue un momento realmente divertido.
La última vez que nos vimos, al recogerme con tu coche en la puerta de mi casa, iba bastante tranquila hasta que, al salir de mi casa y cerrar la puerta, me di la vuelta y te encontré ahí esperándome.
No sé ni cómo no me tropecé con los tacones. Me monté en tu coche como pude, nos saludamos y nos fuímos. Cuando nos sentamos a hablar me dijiste que por qué estaba nerviosa. Yo, como es lógico, dije que no estaba nerviosa. ¡Como si no se me notara!
No entiendo por qué me pongo nerviosa al estar contigo. ¡Ah! Sí, ya recuerdo. Debe ser que me gustas un poco. O eso creo. Tampoco es que tenga la certeza. Aunque he de reconocer que sé que ya no es como antes. A pesar de seguir temblando al verte ya no siento la misma ilusión que antes. Has conseguido quemar toda la ilusión y que los detalles a los que antes daba tanta importancia hayan perdido fuerza.
Bueno, de cosas peores se han muerto. Aunque sería mejor preguntarle a los amantes de Teruel, porque quizás morir de amor es la peor de las muertes.
Yo, de momento, prefiero seguir viva.
Hace un rato hablaba con una amiga mía y me decía entre risas que cómo era posible que tú me dijeras que soy yo quien te intimida. ¡Pero si soy un trozo de pan! decía ella.
¡Qué locura de vida!
¡Qué locura de sentimientos!
¡Qué locura de todo!
Ayer me reconociste que no me leías. No estoy tan segura de ello, ya que en un par de ocasiones me hablaste sobre algunas entradas de las que yo nunca te he hablado. 
Está claro que quieres jugar, así que yo jugaré. Pero ten cuidado, porque según con lo que juegues, puedes resultar herido.
No juegues con fuego, que al final te vas a quemar.

2 comentarios sobre “Y se supone que soy yo quien le intimida…

  1. Dejad a los conguitos en paz, que no tienen culpa de vuestras cuitas sexy-mentales. ¡Jajajajaja! Qué desperdicio de manises chocolateados. Si Chocapic levantara la cabeza… XD

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