Casablanca

Ayer tuve la gran suerte de recibir en mi email una de las dos mejores críticas sobre la película Casablanca que he leído hasta el momento.

Cuando estaba leyéndola, se me ha erizado el vello y se me ha puesto la piel de gallina.
He de decir que ha sido un auténtico placer poder leer una crítica tan maravillosa, espectacular, emocionante, fantástica y auténtica.
De hecho, he de reconocer que he releído la crítica más de diez veces. Hasta empiezo a sabérmela de memoria.
«Casablanca es una prodigiosa sucesión de momentos perfectos»… Esa es mi frase favorita de la crítica.
Me ha gustado tantísimo que esa persona me enviara su crítica que me apetecía nombrarla en la entrada de hoy.
De nuevo, gracias.
El haber recibido esa crítica de Casablanca me ha hecho pensar que, a pesar de ser mi película favorita, yo no tengo una entrada propia de esa película en concreto. Así que ahora mismo pienso comenzar a escribirla.
Gracias a todos vosotros por estar aquí cada día leyéndome, por comentar sobre mi blog, sobre mi manera de escribir, por darme a conocer… Y por seguir aquí un día más.

Dicho esto, aquí os dejo mi entrada de hoy.

Antes de nada, me gustaría que escucharais esta canción mientras me leéis. Considero que para convertir algo simple en algo especial, tiene que estar acompañado de pequeños detalles, y creo que el leer mi entrada mientras se escucha la famosa canción de la película, es una buena manera de crear ambiente.

Casablanca, año 1942, la Francia aún no ocupada. Todos los refugiados con suerte partían desde París a Marsella. A través del Mediterráneo hasta Orán, y luego, por tren, automóvil o a pie, por el borde de África hasta Casablanca, en el Marruecos francés. Los afortunados, con dinero, influencias, etc… obtenían visados para Lisboa, la antesala del nuevo mundo.
Casablanca, la mejor película que he visto hasta el momento, habla del amor, de la pérdida, de la ilusión fallida, de la esperanza. Es una película cargada de sentimientos, tanto por los que hay latentes en ella como por los sentimientos que afloran en el espectador.
«Oímos poco y entendemos todavía menos». El problema no es que oigamos poco, sino que escuchamos poco, por lo que el entendimiento es algo aún más complicado.
La primera imagen de Bogart en la película es de un Rick serio, el cual está fumando un cigarrillo, acompañado por una copa vacía y jugando al ajedrez.
Su expresión está vacía. ¿Vacía por la época que vive o porque en realidad piensa cada día en Ilsa? ¿Vacía porque dejó de sentir realmente y ella se llevó todo lo que él había sido?
El capitán Renault le dice a Rick hasta en cuatro ocasiones durante la película que es un sentimental. Y es cierto. El personaje de Bogart, tras esa fachada de hombre extraño, misterioso, frío, vacío y calculador, es un ser humano dañado por las aguas del amor. Unas aguas que fue a buscar a Casablanca y que al final acabaron por encontrarle a él.
John Huston, amigo de Humphrey Bogart dijo al darle el último adiós que «el actor tenía el mayor don que puede tener un hombre. Humphrey tenía talento. Es un hombre irremplazable, no habrá otro como él».
Un Rick frío, claro y conciso respondía ante Ugarte a su pregunta:
-Me desprecias, ¿verdad Rick?
-Si llegara a pensar en ti, probablemente lo haría.
Rick no se jugaba el cuello por nadie, y aún así, por esa persona en la que teóricamente no pensaba, pudo tener serios problemas por esconder en el piano de Sam los salvoconductos.
Rick le decía a Ugarte que a pesar de ser una buena acción lo que hacía, era una buena acción hecha de un modo bajo y rastrero. Se lo dijo con un tono de reprimenda, porque el hacer una buena acción de una mala manera anula esa buena acción.
A pesar de ser el dueño de «Rick’s, Cafe Americain», cuando este guarda los salvoconductos en el piano de Sam, delante de todos sus clientes, nadie se fija en él. Increíble pero cierto. Rick, con su desinterés hacia los clientes a la hora de beber con ellos y con su desgana hacia las mujeres, se gana el pasar inadvertido en cierto modo.  El capitán Renault le advertía «es increíble el modo que tiene de despreciar mujeres. Tal vez un día falten». Pero Rick sólo respondía con una irónica sonrisa.
Rick, de nacionalidad borracho, dice que en realidad no es su amado París, cuando en realidad allí pasó los mejores días de toda su vida.
Por otra parte, la bella Ingrid Bergman, aparece por primera vez en la película del brazo de su marido, Víctor Laszlo, pero acompañada de una triste sonrisa y una expresión cargada de preocupación. Al pasar al lado de Sam, quien está tocando el piano, hace que le ignora, cuando en realidad dentro de ella se remueve un mar de recuerdos.
Una vez que Ilsa y su marido se sientan en su mesa de Rick’s, el capitán Renault les saluda y se sienta con ellos. Ilsa pregunta por Sam y por Rick, a lo que Renault dice sobre este último que «Rich es un hombre del que yo me enamoraría si fuera mujer. Un ser extraño, misterioso… Así veo yo a Rick».
Cuando Ilsa se queda sola en la mesa, busca con la mirada a Rick por todo el local. Al no encontrarle, decide llamar a Sam a su lado. Una vez se reencuentra con él, la actriz le pide que toque su vieja canción. Cuando lo hace, Rick, al escuchar que Sam toca la canción, corre a su encuentro para que este deje de tocar.
El primer encuentro a solas entre Rick e Ilsa se produce esa misma noche. Rick sabe que ella volverá, pero no puede evitar sentir hacia ella los peores sentimientos que guarda dentro de él.
«De todos los locales del mundo, ella ha aparecido en el mío». Como dije en mi entrada de ayer, el destino había marcado el reencuentro entre ellos. Su historia en París no podía terminar así, de modo que ambos se reunieron de nuevo en Casablanca porque su destino quiso marcarlo de ese modo.
Cuando en la película aparece el flashback en el que se recuerda su época en París, en el momento en el que deciden que se marcharán juntos, Ilsa le dice «bésame. Bésame como si fuera la última vez». En ese momento, al besarse, se derrama la copa de champagne, lo que tiene a su vez un simbolismo realmente importante en esa escena de la película.
Con la llegada de Ilsa, aparece en Rick su lado más sentimental. Rick ayuda a la pareja búlgara recién casada a conseguir el dinero para poder viajar a Lisboa, un detalle que sorprende gratamente a todas aquellas personas que le rodeaban. Rick era un sentimental.
Casablanca es una película de la cual lo que más se conoce es su final. Algunos pueden considerar que es un final trágico, otros simplemente que es un romántico final. Yo creo que es un romántico final que a su vez tiene una parte trágica.
«Rick, tendrás que decidir tú por los dos. Tendrás que decidir por todos». Y Rick decidió lo correcto. Decidió dejar de lado todos sus sentimientos para actuar tal y como debía hacer. No por ello no quería a Ilsa. Es más, por eso mismo, está claro que estaba locamente enamorado de ella.
En Casablanca ambos recuperaron París, y junto a esos recuerdos recuperaron todos los sentimientos dormidos.
Yo siempre he dicho que quería un amor tan intenso como el de Casablanca. ¿Quién no quiere que le quieran como Rick a Ilsa?
¡Qué complicados son siempre los sentimientos! A veces nos gustaría que todo fuera tan simple como para que pudiéramos apretar un botón y olvidarnos por completo de lo que sentimos. Pero no es posible.
Por esa misma razón tenemos que decidir hasta qué punto implicarnos de un modo u otro con las personas, porque si no nos protegemos a nosotros mismos, si no nos queremos, nadie lo hará.
Renault le dice a Rick: «Ilsa es muy bella, es cierto. Pero a usted nunca le interesó ninguna mujer». A lo que Rick le responde: «Ella no es ninguna mujer».
Cuando estás enamorado, realmente enamorado, saber que esa persona no es una más, que no es cualquiera. Es esa persona que esperas que te hable en cualquier momento, es la persona que esperas que, al mirarla, la encuentres sonriéndote.
¿Quién diría que Rick podía sentir algo así por una mujer al comienzo de la película? Nadie podía imaginar que alguien como el personaje de Bogart pudiera sentir nada parecido por ninguna mujer, por muy bella que fuera.
«El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos». ¿Y qué? ¿Acaso hay un mal momento para enamorarse? Siempre es un buen momento para el amor.
A quienes no hayáis visto Casablanca, que no creo que seáis muchos, os animo a verla. Y a quienes la hayáis visto, espero que al leer la entrada de hoy os hayan entrado ganas de verla de nuevo. Yo no me canso de verla.
Y si no tenéis Casablanca, siempre tendréis los Limones Rojos.
Porque siempre nos quedarán los Limones Rojos. Siempre.
Siempre nos quedarán los limones rojos.

6 comentarios sobre “Casablanca

  1. De Casablanca a París pasando por Villanueva de la Cañada y de ahí a todos los puntos cardinales de la emoción. Así es tu entrada de hoy. Deliciosa. Dura pero con rendijas que dejan pasar la luz. Hoy has hablado de todos nosotros, porque «Casablanca» somos todos, memoria sentimental. Y recorrer sus entrañas cogidos de tu mano lo hace todavía más especial. De «Casablanca» pueden extraerse muchas enseñanzas y conclusiones, todas ellas muy poderosas, pero quiero destacar una que me parece fundamental: «Casablanca» es tristemente demostrativa de que los valientes, siempre, siempre, se quedan solos. Tan hermoso es su plumaje.

  2. Es imposible no esbozar una sonrisa al leer tus comentarios sobre mis entradas.Todos los puntos cardinales de la emoción… ¡Guau! Realmente me dejas sin palabras, de verdad. Casablanca somos todos. Creo que no podías expresarlo mejor. ¿Quién no ha vivido un amor o quiere vivirlo como el de Rick e Ilsa?Los valientes se quedan solos, pero no por ello deben mantenerse eternamente solos. De hecho, yo quiero un valiente en mi vida. Quiero un Rick para mí.

  3. Muy buena critica pilar, te acababa de comentar pero creo que no se guardo 😉 Como decia, yo a pesar de ser muy cinefilo no la he visto, pecado total, pero con criticas asi a uno le entra el gusanillo, y por que no, verla, asi que gracias !!

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