Relato sensual

 

Estaba cansado de esperar a que el médico le atendiera. Los niños de la sala de espera eran insoportables. La enfermera salió de la consulta para llamar al siguiente paciente. ¿Cómo podían llevar tanto retraso?
Levantó la mirada y miró fijamente a la enfermera. Era una mujer rubia, de tez clara y llevaba un vestido de color azul con la bata colocada por encima. Era sexy. Muy sexy.
Era un vestido de color azul cielo que se ajustaba a todas y cada una de sus curvas. Tenía un escote que enseñaba lo justo y a la vez lo necesario para que se le produjera un nudo en la garganta al mirarla. El vestido marcaba su cintura y la caída hasta la mitad del muslo era espectacular.
Quería tocar esos muslos. Tenían un aspecto muy suave. Quería acariciarlos e ir subiendo la mano muy lentamente por ellos.
Le apetecía agarrarla de la cintura mientras la miraba fijamente a los ojos e iba acercándose poco a poco para besarla. Sentía la necesidad de agarrar su cabeza para acercarse a sus labios.
En ese momento tenía la boca completamente seca. Si hubiera sido por él, ahora estaría besándola encima de cualquier camilla del centro médico.
En ese momento, la enfermera le miró fijamente a los ojos y sus miradas se encontraron. Estaban saltando chispas entre ellos. Sus ojos le pedían que se acercara a ella y que la besara apasionadamente. Le pedía que le quitara el vestido en ese mismo instante.
Él quería ver su cuerpo. Quería recorrer con su dedo su cuerpo. Desde el ombligo hasta su cuello y ahí agarrar su cabeza para no soltarla.
Respiraría totalmente pegado a su oreja para que se le pusiera la piel de gallina y comenzaría a besar su cuello mientras bajase hasta su pecho.
La enfermera le preguntó si estaba bien. Él, nervioso, dijo que sí y se dio cuenta de que mientras estaba pensando en todo lo que querría hacer con ella, ella sólo le había llamado para entrar a consulta.

5 comentarios sobre “Relato sensual

Deja un comentario